Claudia Messing es Lic. en Psicología . Egresada de la U.B.A.
- Licenciada y Profesora en Sociología. Egresada de la U.B.A.
- Psicologa Social. Egresada de la Primera Escuela Privada de Pichon Rivière. y Psicodramatista. Tiene un Instituto para el abordaje de la simetría inconsciente, el cual lleva adelante junto a su marido, Benjamín Zarankin, que es Terapeuta Vincular-Familiar de la Organización Vincular y Co-Director de la Organización Vincular. Claudia escribió tres libros: Desmotivación, insatisfacción y abandono de proyectos en los jóvenes; Simetría entre padres e hijos y ¿Por qué es tan difícil ser padres hoy?.
Fue muy interesante el tema de la jornada, ya que me permitió abrir más la cabeza para entender ciertas situaciones y por supuesto, enriquecerme y sumar más herramientas y/o estrategias para desarrollarme en mi rol docente. A continuación, comparto con ustedes una síntesis de lo charlado a lo largo de la jornada.
La Simetría Inconsciente es la correspondencia exacta en forma, tamaño y posición de las partes de un todo. Los niños desde que nacen traen la simetría inconsciente, copian a los padres en sus expresiones y por eso tienden a querer mandar en la familia. Copian como espejos en absolutamente todo al adulto (comportamientos, lenguaje, expresiones, sentimientos). Los niños que son simétricos lo manifiestan a través de su comportamiento, de su estado de ánimo, de su elevada autoexigencia. Cuentan para todo con sus padres, esperan que los padres se hagan cargo de todas las situaciones, y cuando el niño tiene que hacerse cargo se abruma, se frustra.Tienen bipolaridad, ya que necesitan que los padres estén y los guíen pero no soportan que les digan qué hacer. Tienen una autosuficiencia imaginaria, lo que se relaciona con la idea de completud (es la paridad con el adulto, el niño no se siente totalmente separado del adulto). No se terminan de individualizar, es decir, de separar de sus padres.Se sienten ofendidos con la palabra del adulto, se sienten desvalorizados frente a los consejos o sugerencias; cuando ocurran estas situaciones lo conveniente es explicarle al niño que uno lo valora y no lo menosprecia, que uno lo quiere ayudar y aportarle cosas buenas. Hay que explicitar lo que ocurre en ese momento a nivel emocional, para no terminar siendo reiterativo. Hay que explicar la situación, que él (el niño) se pone a la altura del adulto, lo copia creyendo que es tan grande como el, pero en realidad, no es así, hay que explicarle que sabe muchas cosas pero muchas otras no. Frente a este tipo de sitauciones el adulto debe controlarse, debe mantener su lugar de adulto, su postura porque de lo contrario pierde la autoridad. Hay que tratar de mantener la comunicación respetuosa, dándole lugar al otro, pero el adulto es quien tiene que liderar la comunicación. Se habla cuando hay escucha, de lo contrario, es en vano.
El niño simétrico forma parte del otro pero no registra a ese "otro" como diferente. No registra el esfuerzo del adulto, es difícil que registre lo que se le brinda, necesita todo y si algo falla, se siente no querido. La idea del límite, se adquiere cuando se tiene en cuenta al padre, cuando tiene un relación satisfactoria.
También hay que dialogar con el niño la noción de vacío que siente debido a que cree que todo el tiempo va a existir correspondencia entre lo que siente y piensa. Se frustran permanentemente y no comprenden al adulto. No tienen noción de todo lo que los padres les brindan, todo lo que reciben, se sienten autosuficiente.
Las bases de la simetría son la completud (que todo se puede) y la paridad con el adulto. Lo que ocurre con los nños simetrícos es el contagio emocional. En el cerebro tenemos millones de neuronas espejos, éstas permiten saber lo que el otro siente sin necesidad de hablar, no conectamos emocionalmente con el otro. El niño se mimetiza con los padres y se contagian emocionalmente y lo verbalizan, es por esto, que en la actualidad, hay tantos niños con depresión y/o demás trastornos. El niño capta todo lo que el adulto muestra y lo pone en evidencia.
El adulto debe verbalizarle al niño que hay que responsabilizarse de las consecuencias por los actos de cada uno, ya que existen limitaciones y todo no se puede. El límite tiene que ver con las propias limitaciones. Hay que incluir al niño en aquello que le compete, no en todo. En vez de tapar la frustración del niño, hay que tratar de ponerle palabras a aquello que el niño siente y tratar de comprenderlo en sus sentimientos.
Los niños si bien copian a los padres no los internalizan, por eso los necesitan permanentemente cerca y se sienten solos; esto tiene que ver con la simetría y la falta de apoyos internos. Para que los niños recuperen a sus padres como figuras protectoras, un buen ejercicio es abrazarlos y luego preguntarles cómo se sienten, si pueden evocar ese abrazo y sentir la presencia de sus padres, sin estar siendo abrazado en ese instante. De esta manera, los niños se pueden sentir acompañados por sus padres. La simetría se flexibiliza, se trabaja a partir de la comunicación cotidiana. Para tomar ciertas decisiones, los padres tienen que dialogar delante del niño, reflexionar, escuchar las opiniones tanto del padre como de la madre, proponerle al niño que decida (siempre y cuando sea un tema que involucre al niño, sino hay que mantener la intimidad. No hay que preguntarle todo al niño); si el niño no puede decidir, es ahí cuando el adulto decide (totalmente corrido del papel autoritario). El límite debe ser flexible, reflexivo, hay que darle valor a los niños y mostrarles lo importante que son.El síntoma de la simetría inconsciente es la hiperexigencia y el temor al fracaso que provoca.


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