jueves, 16 de mayo de 2013


Luego de mi lectura de mucha bibliografía de Patricia Sarlé, quiero compartir con ustedes una compilación que armé sobre diferentes aspectos del juego: qué es, su relación con la escuela y la enseñanza, el rol del docente y, por último, el juego de construcción (ya que en muchas oportunidades no sabemos los aprendizajes que brinda a los niños este tipo de juego).
El juego es un rasgo característico y se ve como una actividad espontánea, a la que siempre tienden los niños; es la actividad fundamental (es aquella donde, por sus características, existen las condiciones más propicias para que se produzca el desarrollo; contribuye de manera significativa a éste, por cuanto responde a una necesidad básica en ese momento evolutivo.)
Es un modo de conocer de los niños y en el juego se aprenden y se desarrollan el pensamiento y la creatividad y se crea un contexto posible para la ejercitación de funciones cognitivas existentes y para la creación de nuevas estructuras.
Existen diversos tipos de juegos: juegos tradicionales, de mesa, motores, trabajo- juego, juego- trabajo (juego en rincones), juego centralizador, juego simbólico, juego de construcciones.
 
Características del juego que interesan a la enseñanza 
Citando a Patricia Sarlé, se puede afirmar que “el juego tiene una gran potencialidad para el desarrollo infantil, especialmente hasta los 5 años”, debido a tres características:
1)      Como actividad específica del niño, el juego es una actividad guiada internamente a partir de la cual el niño crea por sí mismo un escenario imaginativo en el que puede ensayar respuestas diversas a situaciones complejas sin temor a fracasar, actuando por encima de sus posibilidades actuales (Vygotski, 1988a). Esta situación imaginada le permite al niño desprenderse del significado real de los objetos, "suspender" la representación del mundo real, estableciendo una realidad alternativa posible en la construcción del "como si" (Riviére, 2002).
Esta característica se puede denominar motivación intrínseca. Por un lado, el juego   surge de un impulso interno del sujeto sin requerir estímulos, por fuera de él; y por otro, el juego se auto-regula. El jugador es quien marca la intensidad, la persistencia y la dirección de su juego.
El objetivo del juego es satisfacer una necesidad no resulta. Los diferentes tipos de juegos que pueden observarse a lo largo de la infancia refieren a los cambios que experimenta el niño. Al cambiar las necesidades, cambian los juegos: "aquello que era de gran interés para un bebé, tiene menor interés más tarde" (Vigotsky, 1933:538). De esta forma, los niños pequeños desarrollan un juego vinculado con los objetos de su entorno inmediato. En contraste, los niños a partir de los dos y tres años tienden a crear una situación imaginada donde realizar sus deseos irrealizables.
Como actividad auto- regulada, todo juego está regulado por reglas de conducta que le permiten al niño construir una situación "no caótica" sino ajustada con la realidad y sostener la secuencia de juego una vez iniciada. Esta perspectiva le da un nuevo viraje al modo de considerar la libertad del jugador en el juego.

2)      El juego requiere que los jugadores comprendan que aquello que se manifiesta no es lo que aparenta ser (Garvey, 1985; Bateson, 1998) y que puedan construir realidades mentales que les permitan tomar distancia de la experiencia perceptiva inmediata, es decir, imaginar y entender ficciones (Bruner, 1986; Riviére, 2002).
Esta característica se puede denominar de simbolización. Aparece el juego simbólico, en el cual, el niño le asigna a un objeto el significado de otro quebrando de este modo la relación entre objeto y significado (por ejemplo, un palo se puede transformar en un caballo o en un avión).
Los juegos son imaginación en acción y siguen reglas de conducta conforme a un plan interno. En su juego, el niño crea un marco dentro del cual objetos y acciones se separan de su significado.

3)      Finalmente, al no centrarse el juego en la obtención de un producto final, se da una alternancia entre medios y fines que torna más flexible la conducta infantil y facilita la resolución de problemas de una manera más económica y creativa (Bruner, 1986b; Johnson et al, 1999).
Esta característica se puede denominar relación fines- medios. El juego se caracteriza por una relación inestable entre los medios y los fines, motivo por el cual no resulta frustrante para el niño y el error tiene un valor relativo. El niño se siente con la libertad de resolver de manera diferente los obstáculos que se le presentan. De este modo, el juego se constituye en una de las formas más eficaces de resolver situaciones nuevas. Al ser mínimo el riesgo a fracasar, el niño puede asumir sus errores como parte de la situación y ensayar otros modos de resolución.
Esta ruptura en la relación medio-fin permite también explicar las variaciones que se producen en el juego con respecto al rol asumido por los jugadores y la forma en que se consideran las reglas del juego.
Estas características se encuentran expresadas de manera diversa en los diferentes tipos de juegos que emprenden los niños, y son las que tradicionalmente más han sido consideradas al pensar el juego en la escuela.

Perspectiva didáctico- pedagógica sobre la relación entre juego y enseñanza
La posibilidad del juego de tomar placentero el esfuerzo de aprender y el modo en que permite ensayar respuestas posibles han hecho que se lo vinculara con el diseño de propuestas escolares como un "medio" o "recurso" para enseñar.
El “jugar para” prioriza la intervención del docente y la mirada del juego como estrategia metodológica para la enseñanza. Supone la existencia de actividades que el maestro diseña específicamente para enseñar algún contenido. El juego está presente como motivador de la enseñanza. El acento está puesto en la "reflexión" sobre lo jugado y en la consecución de las metas propuestas.
Para Froebel o Decroly, el juego era el modo de comprender el trabajo escolar y no simplemente una técnica de enseñanza.

 El juego en la escuela-  Juego y rol docente
Sumado a que el juego es una forma de expresarse, canalizar energías o relacionarse con otros, en él, los niños operan con sus representaciones mentales o conocimientos y crean, a partir de sus propias intenciones, una nueva situación o un cambio en la que están experimentando. Por este motivo, es que el juego puede transformarse en una situación de enseñanza.
Jugar es una característica de la naturaleza infantil que debe ser utilizado por el maestro para lograr mayor eficiencia, ya que el sentido de la escuela es la enseñanza y la actividad central de la vida del niño es el juego, por lo tanto, es lícito enseñar a través del mismo. El lugar esencial que tiene el docente en el juego de los niños, es de soporte, andamio, facilitador para el juego de los más pequeños; desde su posición de copartícipe del juego, mediante sugerencias, proposiciones, y si fuera necesario demostraciones, va conduciendo la actividad hacia el logro de objetivos educativos, y sin perder de vista además, las  necesidades de los niños, sus intereses, propiciando su iniciativa y su creatividad.
Para jugar se debe “dejar de lado” el mundo cotidiano y entrar en el mundo lúdico, pero para el docente, como responsable de lo que sucede en la sala, el “como si” es “como si jugara” sin dejar de ser el maestro.
El juego puede ser uno de los caminos que le facilite al maestro contextualizar los conocimientos que quiere transmitir y su relación con los marcos de significación con que cuentan los niños. Es decir, la inclusión del juego, el espacio y el tiempo que se le destine, la forma en que se lo plantee, pueden actuar dando pistas de significado que sitúan los conocimientos y los convierten en significativos para los niños. El juego brinda la posibilidad de proveerle un contexto dentro del cual, el niño, puede ejercitar no sólo las funciones cognitivas con las que cuenta, sino también crear estructuras cognitivas nuevas. El juego lo ayuda a reelaborar sus experiencias y es un importante factor de equilibrio y dominio de sí. A su vez, tiene cualidades intrínsecas que estimulan los procesos de comunicación y cooperación con sus pares y amplían el conocimiento que el niño tiene del mundo social.
El juego se transforma en un importante mediador en el proceso de enseñanza. Al jugar, el niño finge el dominio de conocimientos y habilidades que todavía no posee y esta ficción le permite penetrar en mundos desconocidos. Al jugar con otros, el niño reproduce lo parcialmente conocido, establece un proceso de negociación de significados y configura una estructura de interacción, combinando sus ideas con las de sus compañeros, en la búsqueda por ser coherente con la situación representada.
En la escuela, el maestro puede ofrecer variadas posibilidades de juego. Cuantas más posibilidades tenga el niño de aprender y asimilar conocimientos nuevos, cuantos más elementos reales disponga el niño sobre su experiencia, tanto más considerable y productiva será la posibilidad de su imaginación. Esta mediación, que consiste en brindar espacios, materiales, temas de juego, posibilidades de juegos con otros, les permite a los niños construir un sistema de comunicación y una red de significados que pasarán a formar parte de su mundo cultural. Cuando el maestro logra diseñar una situación didáctica que propicia la aparición del juego, los niños se comprometen e involucran en una mayor medida que cuando no lo hace.
Al ser un espacio de innovación y creación para el niño, el juego le permite hacer y probar combinaciones de conductas que no serían probadas fuera de dicho espacio.
En la escuela se juegan dos tipos de juegos:
  • El juego libre, el cual es un comportamiento espontáneo, iniciado por el niño, que se extiende a otros y que suele aparecer en los momentos de recreo o cuando las tareas de clase resultan demasiado largas, aburridas o complejas.
  • El juego propuesto por el docente, de esta manera se transforma en una experiencia lúdica compartida con otros, en un espacio y tiempo construido conjuntamente. Estos juegos se diseñan con el objeto de enseñar o promover algún aprendizaje específico y brindan a los niños la posibilidad de construir y transformar la realidad al participar en ellos. Dentro de estos juegos que el docente propone para enseñar diferentes tipos de contenidos están: los juegos tradicionales, los juegos de mesa y los juegos de origen deportivo, los cuales permiten trabajar diversos contenidos académicos (adicionar, restar, comparar cantidades, etc).
También se encuentran los juegos simbólicos o de roles a partir del material didáctico y juguetes disponibles (muñecas, cochecitos, ropa para disfrazarse, casitas, etc), permiten trabajar contenidos vinculados con el cambio social, que se presenta, explora y profundiza a partir de estos juegos. 
El juego de roles es una actividad que, está o debe estar en gran   medida, determinada por la iniciativa y el interés de los niños. En estos juegos no hay “instrucciones” ni reglamento pero si influyen las regulaciones del contexto social al que pertenecen los niños; aunque en el juego no se esté aprendiendo un contenido escolar específico, sí se aprende aquello que tiene que ver con lo cotidiano.
Dentro de la jornada escolar hay juegos que se utilizan para pasar de una actividad a otra o para “rellenar” algunos tiempos en que se espera la presencia de otra maestra u otro acontecimiento. En estos momentos, generalmente, se proponen juegos tradicionales como el veo-veo, el teléfono descompuesto, el cuento de la buena pipa, el tatetí, entre otros. La docente al enseñarlos y utilizarlos asegura su transmisión y continuidad a través del tiempo y acerca a los niños a formas de cultura vinculadas con el saber popular. Los juegos tradicionales suponen el aprendizaje y el respeto por las reglas convencionales y consensuadas entre todos para poder llevarlos a cabo. Esta necesidad de respeto por la regla, en muchos casos facilita el desarrollo de procesos cognitivos complejos, tales como aprender a guardar un secreto, a hacerse “cómplice” de un tercero, etc.
Pero también dentro de la jornada, aparecen los juegos diseñados por el docente para enseñar algo. Éstos cuentan con reglas convencionales necesarias para jugar con otros y requiere un tiempo mayor para ser jugados.
Los niños aprenden juegos de diferentes fuentes. Algunos se transmiten de generación en generación, como la rayuela, las escondidas, las manchas y se aprenden espontáneamente, observando a otros jugadores. En cambio, otros juegos, como los de mesa, traen instrucciones para ser jugados; algunas reglas pueden simplificarse o cambiarse, pero si se modifican demasiado cambia el juego.
Aprender un juego nuevo implica, para el maestro, un tiempo para enseñarlo, y para el niño, un tiempo para dominarlo.
El tiempo para enseñar a jugar supone la explicación del juego por parte de la docente y la organización del grupo para jugarlo. También requiere la observación constante que permite comprender si los jugadores han entendido el juego y pueden jugarlo solos. Y el tiempo para jugar requiere el dominio de las reglas básicas por parte del jugador y la posibilidad de jugar más de una vez.
El juego involucra un proceso que debe aprenderse a seguir. Los niños saben que con una sola vez que jueguen no dominan el juego, necesitan tiempo para jugar y sentirse seguros, tiempo para elegir con quién jugar y a qué jugar.
La riqueza que le añade la escuela al hecho de jugar está dada tanto por la posibilidad de hacerlo con otros (pares, jugadores más expertos, adultos) como por la presencia de objetos y materiales que amplían las posibilidades espontáneas del niño o su contexto familiar. La figura del maestro promueve y sostiene los juegos de los niños, amplía sus posibilidades y genera nuevos contextos.
El juego como “propuesta del docente”, no sólo se refiere a la “enseñanza” de juegos dirigidos a contenidos específicos, sino también a la disponibilidad de objetos, espacios y tiempos posibles, dentro del día escolar, para jugar (juego libre: simbólico, reglado, etc). Un juego bajo la mirada del maestro, que sostiene y andamia y a partir del cual se generan situaciones de interacción maestro- niños, niños- niños, que van ampliando los contextos de significado en los que se produce el aprendizaje.
La complejidad en los juegos aparece cuando existe un cierto grado de dominio sobre ellos, que les permite a los niños ejercer autonomía, construir conocimientos nuevos y crear otros. Hay que brindar espacios de invención a partir de juegos conocidos, para que constituya una relación de creación y reconstrucción del conocimiento.



Juego de construcción

El juego de construcción es una situación imaginada respaldada en objetos. Acción motriz y acción simbólica se articulan mutuamente. Los objetos materializan la imaginación del niño puesta en acto en el lugar. En el juego de construcción, los niños generan un contexto particular de producción creando una nueva forma de interacción y un nuevo contexto mental. Los niños son constructores y destructores a la vez. Construyen y desarman no solo en el mundo de los objetos sino también en su propia mente encarnada y verbalizada en la construcción. Cada re-construcción es un avance en la construcción cognitiva. En el juego se juega con construcción- destrucción- reconstrucción del conocimiento viejo y nuevo.
Es uno de los juegos más comunes entre los niños. Son juegos que se inician frente a la disponibilidad del material (naipes, fichas de dominó, libros, o cualquier objeto que puede superponerse y crecer en alto, suele transformarse en un material apto para construir) y una vez construido, la estructura se desarma hasta la próxima vez que se juegue. Los niños construyen para “destruir” una y otra vez, en las fases iniciales del juego, y llegan a planificar sus acciones y “construir” según modelos.
Una primera característica de los juegos de construcción es que son juegos con objetos que pueden ser usados para superponer, yuxtaponer, encastrar, entre otros. Uno de los materiales más utilizados en las escuelas infantiles son los bloques o ladrillos, los cuales ofrecen cierta resistencia a la acción del sujeto y lo fuerzan a combinar diversos puntos de vista vinculados con el equilibrio, la disposición espacial o el tamaño del material. Los bloques son resistentes y le exigen al niño, adecuar sus acciones constantemente de acuerdo con el objetivo que persigue. Estos objetos están diseñados para facilitar la actividad creadora y la capacidad de inventar modelos por parte del jugador. La regla que guía y sostiene es interna y está sujeta al objetivo que cada jugador se pone al jugar.
El juego no siempre consiste en el proceso de construir. Hay momentos en que el niño juega con bloques y su atención está centrada en la actividad que realiza y no en el resultado de la actividad. Otras veces, el juego tiende a ser más flexible en cuanto a la forma en que los niños ensayan modos de resolución de los problemas que provoca el material y alternan, la fabricación de escenarios más figurativos con otro tipo de construcciones complejas que adquieren sentido una vez finalizadas. Los niños utilizan los bloques para construir un escenario para un juego particular.
Se clasifican los objetos para actividades de construcción de la siguiente manera:

Superposición o Yuxtaposición
Sistemas de encastre
Con piezas de unión
Bloques de madera, bloques huecos de madera, bloques grandes de goma espuma, cajas con cubos u otras formas geométricas.
Piezas con encastres de un solo lado, piezas con encastres en ambas caras con forma de ranuras, piezas gigantes de encastre.
Tipo “mecano”, piezas gigantes de material de madera o plástico para construcción con tornillos.
Cuando el niño juega, crea a voluntad en el plano de la imaginación y dentro de ciertas reglas, un terreno diferente de realidad en el que se entrecruzan nuevas acciones o imágenes de las cosas. En el caso de los juegos de construcción, los niños pueden operar con los productos de su imaginación y materializar sus ideas. Éstos juegos preparan la mente infantil para recibir nuevos aprendizajes y construir entidades que le permiten acercarse al trabajo escolar. Desde esta perspectiva, los objetos asumen un doble sentido: como herramientas culturales a disposición del niño para “cristalizar” su imaginación y como propósitos externos al niño (fin educativo).
Desde la dimensión psicológica, se mira la estrategia que emplean los niños al operar con objetos para construir. El énfasis está puesto en los procesos individuales de construcción cognitiva de los niños.
Jugar con bloques es un medio tanto para la exploración como para la invención. Al manipular los bloques, los niños se apropian de las propiedades de los objetos, pero también, adecuan su acción a la respuesta del material. Es un juego que lleva a los niños a explorar el material, anticipar qué van a hacer y a crear objetos nuevos a partir de los ya conocidos. Son juegos que involucran siempre al niño en forma individual o en pequeños grupos. La intervención de la docente es mínima. Los niños se organizan y juegan solos. El maestro dispone los objetos, los espacios y marca el tiempo de juego, pero no participa durante el desarrollo del mismo.
La edad es uno de los factores que media en la resolución de los juegos; en este tipo de juego se manifiestan en tres tópicos:
  • Construir solos o con otros, en los nenes más grandes, 4 y 5 años, el grado de cooperación es alto, en cambio, en los más pequeños, el juego es más solitario, aunque están muy atentos al juego de sus compañeros.
Los más grandes, acompañan el juego con el diálogo, acuerdan modos de construcción, descubren la resistencia, el equilibrio y la forma de los diversos materiales.
  • El guión dramático que acompaña al juego de construcción, jugar con otros está íntimamente ligado a la capacidad de compartir contextos de significados, esto se pone de manifiesto, ya sea a través de los escenarios que arman para jugar o los juguetes que diseñan. Por esto, el juego de construcción apoya la situación imaginada en el juego y “materializa” los productos de la imaginación.
Los niños pequeños suelen construir escenarios simples en donde el juego simbólico es más corporal que verbal. Pueden armar pistolas, pistas para los autos y recorrerlas uno tras otro. El juego de construcción acompaña al juego simbólico, como un modo de elaborar un hecho de la realidad que les resulta incomprensible. También los temas que los niños toman para construir pueden ser propuestos por el docente cuando éste ofrece nuevos materiales que le permiten al niño, organizar su pensamiento o plantearse objetivos diferentes a los cotidianos.
Los niños fabrican escenarios en los cuales sus vivencias puedan representarse. Los objetos se transforman en soportes para la acción simbólica.
  • La exploración del material vs. La construcción anticipada, a medida que los niños tienen mayor conocimiento de las propiedades físicas de los objetos, pueden comenzar a “pensar” en otro tipo de construcción. Cuando destruyen o modifican lo construido, es para darle mejor forma a lo que habían imaginado.
En los juegos de construcción existe una dependía para con los objetos disponibles y la posibilidad de “imaginar” escenarios. 
En el contexto escolar, maestros y niños pueden dialogar y construir el “marco” desde el cual se juega. Este marco lúdico supone la participación consciente y la planeación conjunta, de los espacios, las herramientas y los modos de participación que se van a suceder al interior de él. De este modo, la escuela se transforma en otro contexto en el que se establecen modos de negociación propios de la tarea que se va a ejecutar.

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