Luego de mi lectura de mucha
bibliografía de Patricia Sarlé, quiero compartir con ustedes una compilación
que armé sobre diferentes aspectos del juego: qué es, su relación con la
escuela y la enseñanza, el rol del docente y, por último, el juego de construcción
(ya que en muchas oportunidades no sabemos los aprendizajes que brinda a los
niños este tipo de juego).
El juego
es un rasgo característico y se ve como una actividad espontánea, a la
que siempre tienden los niños; es la actividad fundamental (es aquella donde,
por sus características, existen las condiciones más propicias para que se
produzca el desarrollo; contribuye de manera significativa a éste, por cuanto
responde a una necesidad básica en ese momento evolutivo.)
Es un modo de conocer de los niños y en el juego se
aprenden y se desarrollan el pensamiento y la creatividad y se crea un contexto
posible para la ejercitación de funciones cognitivas existentes y para la
creación de nuevas estructuras.
Existen diversos tipos de juegos: juegos
tradicionales, de mesa, motores, trabajo- juego, juego- trabajo (juego en
rincones), juego centralizador, juego simbólico, juego de construcciones.
Características
del juego que interesan a la enseñanza
Citando a
Patricia Sarlé, se puede afirmar que “el juego tiene una gran potencialidad
para el desarrollo infantil, especialmente hasta los 5 años”, debido a tres
características:
1) Como actividad específica del
niño, el juego es una actividad guiada internamente a partir de la cual el niño
crea por sí mismo un escenario imaginativo en el que puede ensayar respuestas
diversas a situaciones complejas sin temor a fracasar, actuando por
encima de sus posibilidades actuales (Vygotski, 1988a). Esta situación
imaginada le permite al niño desprenderse del significado real de los objetos,
"suspender" la representación del mundo real, estableciendo una
realidad alternativa posible en la construcción del "como si"
(Riviére, 2002).
Esta
característica se puede denominar motivación intrínseca. Por un
lado, el juego surge de un impulso interno del sujeto sin
requerir estímulos, por fuera de él; y por otro, el juego se auto-regula.
El jugador es quien marca la intensidad, la persistencia y la dirección de
su juego.
El
objetivo del juego es satisfacer una necesidad no resulta. Los diferentes tipos de juegos que pueden
observarse a lo largo de la infancia refieren a los cambios que experimenta el
niño. Al cambiar las necesidades, cambian los juegos: "aquello que era de
gran interés para un bebé, tiene menor interés más tarde" (Vigotsky,
1933:538). De esta forma, los niños pequeños desarrollan un juego vinculado con
los objetos de su entorno inmediato. En contraste, los niños a partir de los
dos y tres años tienden a crear una situación imaginada donde realizar sus
deseos irrealizables.
Como actividad
auto- regulada, todo juego está regulado por reglas de conducta que le
permiten al niño construir una situación "no caótica" sino ajustada
con la realidad y sostener la secuencia de juego una vez iniciada. Esta
perspectiva le da un nuevo viraje al modo de considerar la libertad del jugador
en el juego.
2) El juego requiere que los
jugadores comprendan que aquello que se manifiesta no es lo que aparenta ser
(Garvey, 1985; Bateson, 1998) y que puedan construir realidades mentales que
les permitan tomar distancia de la experiencia perceptiva inmediata, es decir,
imaginar y entender ficciones (Bruner, 1986; Riviére, 2002).
Esta
característica se puede denominar de simbolización. Aparece el
juego simbólico, en el cual, el niño le asigna a un objeto el significado de
otro quebrando de este modo la relación entre objeto y significado (por
ejemplo, un palo se puede transformar en un caballo o en un avión).
Los
juegos son imaginación en acción y siguen reglas de conducta conforme a un plan
interno. En su juego, el niño crea un marco dentro del cual objetos y acciones
se separan de su significado.
3) Finalmente, al no centrarse el
juego en la obtención de un producto final, se da una alternancia entre medios
y fines que torna más flexible la conducta infantil y facilita la resolución de
problemas de una manera más económica y creativa (Bruner, 1986b; Johnson et
al, 1999).
Esta característica se puede denominar relación
fines- medios. El juego se caracteriza por
una relación inestable entre los medios y los fines, motivo por el cual no
resulta frustrante para el niño y el error tiene un valor relativo. El
niño se siente con la libertad de resolver de manera diferente los obstáculos
que se le presentan. De este modo, el juego se constituye en una de las formas
más eficaces de resolver situaciones nuevas. Al ser mínimo el riesgo a
fracasar, el niño puede asumir sus errores como parte de la situación y ensayar
otros modos de resolución.
Esta
ruptura en la relación medio-fin permite también explicar las variaciones que
se producen en el juego con respecto al rol asumido por los jugadores y la
forma en que se consideran las reglas del juego.
Estas
características se encuentran expresadas de manera diversa en los diferentes
tipos de juegos que emprenden los niños, y son las que tradicionalmente más han
sido consideradas al pensar el juego en la escuela.
Perspectiva didáctico- pedagógica sobre la relación
entre juego y enseñanza
La posibilidad del juego de tomar placentero el
esfuerzo de aprender y el modo en que permite ensayar respuestas posibles han
hecho que se lo vinculara con el diseño de propuestas escolares como un
"medio" o "recurso" para enseñar.
El “jugar para” prioriza la
intervención del docente y la mirada del juego como estrategia metodológica
para la enseñanza. Supone la existencia de actividades que el maestro diseña
específicamente para enseñar algún contenido. El juego está presente como
motivador de la enseñanza. El acento está puesto en la "reflexión"
sobre lo jugado y en la consecución de las metas propuestas.
Para Froebel o Decroly, el juego era el modo de
comprender el trabajo escolar y no simplemente una técnica de enseñanza.
El juego en la escuela- Juego
y rol docente
Sumado a que el juego es una forma de expresarse,
canalizar energías o relacionarse con otros, en él, los niños operan con sus
representaciones mentales o conocimientos y crean, a partir de sus propias
intenciones, una nueva situación o un cambio en la que están experimentando.
Por este motivo, es que el juego puede transformarse en una situación de
enseñanza.
Jugar es una característica de la naturaleza
infantil que debe ser utilizado por el maestro para lograr mayor eficiencia, ya
que el sentido de la escuela es la enseñanza y la actividad central de la vida
del niño es el juego, por lo tanto, es lícito enseñar a través del mismo. El
lugar esencial que tiene el docente en el juego de los niños, es de soporte,
andamio, facilitador para el juego de los más pequeños; desde su posición de copartícipe
del juego, mediante sugerencias, proposiciones, y si fuera necesario
demostraciones, va conduciendo la actividad hacia el logro de objetivos
educativos, y sin perder de vista además, las necesidades de los niños,
sus intereses, propiciando su iniciativa y su creatividad.
Para jugar se debe “dejar de lado” el mundo
cotidiano y entrar en el mundo lúdico, pero para el docente, como responsable
de lo que sucede en la sala, el “como si” es “como si jugara” sin dejar de ser
el maestro.
El juego puede ser uno de los caminos que le
facilite al maestro contextualizar los conocimientos que quiere transmitir y su
relación con los marcos de significación con que cuentan los niños. Es decir,
la inclusión del juego, el espacio y el tiempo que se le destine, la forma en
que se lo plantee, pueden actuar dando pistas de significado que sitúan los
conocimientos y los convierten en significativos para los niños. El juego
brinda la posibilidad de proveerle un contexto dentro del cual, el niño, puede
ejercitar no sólo las funciones cognitivas con las que cuenta, sino también
crear estructuras cognitivas nuevas. El juego lo ayuda a reelaborar sus
experiencias y es un importante factor de equilibrio y dominio de sí. A su vez,
tiene cualidades intrínsecas que estimulan los procesos de comunicación y
cooperación con sus pares y amplían el conocimiento que el niño tiene del mundo
social.
El juego se transforma en un importante mediador en
el proceso de enseñanza. Al jugar, el niño finge el dominio de conocimientos y
habilidades que todavía no posee y esta ficción le permite penetrar en mundos
desconocidos. Al jugar con otros, el niño reproduce lo parcialmente conocido,
establece un proceso de negociación de significados y configura una estructura
de interacción, combinando sus ideas con las de sus compañeros, en la búsqueda
por ser coherente con la situación representada.
En la
escuela, el maestro puede ofrecer variadas posibilidades de juego. Cuantas más
posibilidades tenga el niño de aprender y asimilar conocimientos nuevos,
cuantos más elementos reales disponga el niño sobre su experiencia, tanto más
considerable y productiva será la posibilidad de su imaginación. Esta
mediación, que consiste en brindar espacios, materiales, temas de juego,
posibilidades de juegos con otros, les permite a los niños construir un sistema
de comunicación y una red de significados que pasarán a formar parte de su
mundo cultural. Cuando el maestro logra diseñar una situación didáctica que
propicia la aparición del juego, los niños se comprometen e involucran en una
mayor medida que cuando no lo hace.
Al ser un
espacio de innovación y creación para el niño, el juego le permite hacer y probar
combinaciones de conductas que no serían probadas fuera de dicho espacio.
En la escuela se juegan dos tipos de juegos:
- El juego libre, el cual es un comportamiento espontáneo, iniciado por el niño, que se extiende a otros y que suele aparecer en los momentos de recreo o cuando las tareas de clase resultan demasiado largas, aburridas o complejas.
- El juego propuesto por el docente, de esta manera se transforma en una experiencia lúdica compartida con otros, en un espacio y tiempo construido conjuntamente. Estos juegos se diseñan con el objeto de enseñar o promover algún aprendizaje específico y brindan a los niños la posibilidad de construir y transformar la realidad al participar en ellos. Dentro de estos juegos que el docente propone para enseñar diferentes tipos de contenidos están: los juegos tradicionales, los juegos de mesa y los juegos de origen deportivo, los cuales permiten trabajar diversos contenidos académicos (adicionar, restar, comparar cantidades, etc).
También
se encuentran los juegos simbólicos o de roles a partir del material didáctico
y juguetes disponibles (muñecas, cochecitos, ropa para disfrazarse, casitas,
etc), permiten trabajar contenidos vinculados con el cambio social, que se
presenta, explora y profundiza a partir de estos juegos.
El juego
de roles es una actividad que, está o debe estar en gran medida,
determinada por la iniciativa y el interés de los niños. En estos juegos no hay
“instrucciones” ni reglamento pero si influyen las regulaciones del contexto
social al que pertenecen los niños; aunque en el juego no se esté aprendiendo
un contenido escolar específico, sí se aprende aquello que tiene que ver con lo
cotidiano.
Dentro de la jornada escolar hay juegos que se
utilizan para pasar de una actividad a otra o para “rellenar” algunos tiempos
en que se espera la presencia de otra maestra u otro acontecimiento. En estos
momentos, generalmente, se proponen juegos tradicionales como el veo-veo, el
teléfono descompuesto, el cuento de la buena pipa, el tatetí, entre otros. La
docente al enseñarlos y utilizarlos asegura su transmisión y continuidad a
través del tiempo y acerca a los niños a formas de cultura vinculadas con el
saber popular. Los juegos tradicionales suponen el aprendizaje y el respeto por
las reglas convencionales y consensuadas entre todos para poder llevarlos a
cabo. Esta necesidad de respeto por la regla, en muchos casos facilita el
desarrollo de procesos cognitivos complejos, tales como aprender a guardar un
secreto, a hacerse “cómplice” de un tercero, etc.
Pero también dentro de la jornada, aparecen los
juegos diseñados por el docente para enseñar algo. Éstos cuentan con reglas
convencionales necesarias para jugar con otros y requiere un tiempo mayor para
ser jugados.
Los niños aprenden juegos de diferentes fuentes.
Algunos se transmiten de generación en generación, como la rayuela, las
escondidas, las manchas y se aprenden espontáneamente, observando a otros
jugadores. En cambio, otros juegos, como los de mesa, traen instrucciones para
ser jugados; algunas reglas pueden simplificarse o cambiarse, pero si se
modifican demasiado cambia el juego.
Aprender un juego nuevo implica, para el maestro,
un tiempo para enseñarlo, y para el niño, un tiempo para dominarlo.
El tiempo para enseñar a jugar supone la
explicación del juego por parte de la docente y la organización del grupo para
jugarlo. También requiere la observación constante que permite comprender si
los jugadores han entendido el juego y pueden jugarlo solos. Y el tiempo para jugar
requiere el dominio de las reglas básicas por parte del jugador y la
posibilidad de jugar más de una vez.
El juego involucra un proceso que debe aprenderse a
seguir. Los niños saben que con una sola vez que jueguen no dominan el juego,
necesitan tiempo para jugar y sentirse seguros, tiempo para elegir con quién
jugar y a qué jugar.
La riqueza que le añade la escuela al hecho de
jugar está dada tanto por la posibilidad de hacerlo con otros (pares, jugadores
más expertos, adultos) como por la presencia de objetos y materiales que
amplían las posibilidades espontáneas del niño o su contexto familiar. La
figura del maestro promueve y sostiene los juegos de los niños, amplía sus
posibilidades y genera nuevos contextos.
El juego como “propuesta del docente”, no sólo se
refiere a la “enseñanza” de juegos dirigidos a contenidos específicos, sino
también a la disponibilidad de objetos, espacios y tiempos posibles, dentro del
día escolar, para jugar (juego libre: simbólico, reglado, etc). Un juego bajo
la mirada del maestro, que sostiene y andamia y a partir del cual se generan
situaciones de interacción maestro- niños, niños- niños, que van ampliando los
contextos de significado en los que se produce el aprendizaje.
La complejidad en los juegos aparece cuando existe
un cierto grado de dominio sobre ellos, que les permite a los niños ejercer
autonomía, construir conocimientos nuevos y crear otros. Hay que brindar
espacios de invención a partir de juegos conocidos, para que constituya una
relación de creación y reconstrucción del conocimiento.
Juego de
construcción
El juego de construcción es una situación imaginada
respaldada en objetos. Acción motriz y acción simbólica se articulan mutuamente.
Los objetos materializan la imaginación del niño puesta en acto en el lugar. En
el juego de construcción, los niños generan un contexto particular de
producción creando una nueva forma de interacción y un nuevo contexto mental.
Los niños son constructores y destructores a la vez. Construyen y desarman no
solo en el mundo de los objetos sino también en su propia mente encarnada y
verbalizada en la construcción. Cada re-construcción es un avance en la
construcción cognitiva. En el juego se juega con construcción- destrucción-
reconstrucción del conocimiento viejo y nuevo.
Es uno de los juegos más comunes entre los niños.
Son juegos que se inician frente a la disponibilidad del material (naipes,
fichas de dominó, libros, o cualquier objeto que puede superponerse y crecer en
alto, suele transformarse en un material apto para construir) y una vez
construido, la estructura se desarma hasta la próxima vez que se juegue. Los
niños construyen para “destruir” una y otra vez, en las fases iniciales del juego,
y llegan a planificar sus acciones y “construir” según modelos.
Una primera característica de los juegos de
construcción es que son juegos con objetos que pueden ser usados para
superponer, yuxtaponer, encastrar, entre otros. Uno de los materiales más utilizados
en las escuelas infantiles son los bloques o ladrillos, los cuales ofrecen
cierta resistencia a la acción del sujeto y lo fuerzan a combinar diversos
puntos de vista vinculados con el equilibrio, la disposición espacial o el
tamaño del material. Los bloques son resistentes y le exigen al niño, adecuar
sus acciones constantemente de acuerdo con el objetivo que persigue. Estos
objetos están diseñados para facilitar la actividad creadora y la capacidad de
inventar modelos por parte del jugador. La regla que guía y sostiene es interna
y está sujeta al objetivo que cada jugador se pone al jugar.
El juego no siempre consiste en el proceso de
construir. Hay momentos en que el niño juega con bloques y su atención está
centrada en la actividad que realiza y no en el resultado de la actividad.
Otras veces, el juego tiende a ser más flexible en cuanto a la forma en que los
niños ensayan modos de resolución de los problemas que provoca el material y
alternan, la fabricación de escenarios más figurativos con otro tipo de
construcciones complejas que adquieren sentido una vez finalizadas. Los niños
utilizan los bloques para construir un escenario para un juego particular.
Se
clasifican los objetos para actividades de construcción de la siguiente manera:
Superposición o Yuxtaposición
|
Sistemas de encastre
|
Con piezas de unión
|
Bloques
de madera, bloques huecos de madera, bloques grandes de goma espuma, cajas
con cubos u otras formas geométricas.
|
Piezas
con encastres de un solo lado, piezas con encastres en ambas caras con forma
de ranuras, piezas gigantes de encastre.
|
Tipo
“mecano”, piezas gigantes de material de madera o plástico para construcción
con tornillos.
|
Cuando el niño juega, crea a voluntad en el plano de
la imaginación y dentro de ciertas reglas, un terreno diferente de realidad en
el que se entrecruzan nuevas acciones o imágenes de las cosas. En el caso de
los juegos de construcción, los niños pueden operar con los productos de su
imaginación y materializar sus ideas. Éstos juegos preparan la mente infantil
para recibir nuevos aprendizajes y construir entidades que le permiten
acercarse al trabajo escolar. Desde esta perspectiva, los objetos asumen un
doble sentido: como herramientas culturales a disposición del niño para
“cristalizar” su imaginación y como propósitos externos al niño (fin
educativo).
Desde la dimensión psicológica, se mira la
estrategia que emplean los niños al operar con objetos para construir. El
énfasis está puesto en los procesos individuales de construcción cognitiva de
los niños.
Jugar con bloques es un medio tanto para la
exploración como para la invención. Al manipular los bloques, los niños se
apropian de las propiedades de los objetos, pero también, adecuan su acción a
la respuesta del material. Es un juego que lleva a los niños a explorar el
material, anticipar qué van a hacer y a crear objetos nuevos a partir de los ya
conocidos. Son juegos que involucran siempre al niño en forma individual o en
pequeños grupos. La intervención de la docente es mínima. Los niños se
organizan y juegan solos. El maestro dispone los objetos, los espacios y marca
el tiempo de juego, pero no participa durante el desarrollo del mismo.
La edad es uno de los factores que media en la
resolución de los juegos; en este tipo de juego se manifiestan en tres tópicos:
- Construir solos o con otros, en los nenes más grandes, 4 y 5 años, el grado de cooperación es alto, en cambio, en los más pequeños, el juego es más solitario, aunque están muy atentos al juego de sus compañeros.
Los más grandes, acompañan el juego con el diálogo,
acuerdan modos de construcción, descubren la resistencia, el equilibrio y la
forma de los diversos materiales.
- El guión dramático que acompaña al juego de construcción, jugar con otros está íntimamente ligado a la capacidad de compartir contextos de significados, esto se pone de manifiesto, ya sea a través de los escenarios que arman para jugar o los juguetes que diseñan. Por esto, el juego de construcción apoya la situación imaginada en el juego y “materializa” los productos de la imaginación.
Los niños pequeños suelen construir escenarios
simples en donde el juego simbólico es más corporal que verbal. Pueden armar
pistolas, pistas para los autos y recorrerlas uno tras otro. El juego de construcción
acompaña al juego simbólico, como un modo de elaborar un hecho de la realidad
que les resulta incomprensible. También los temas que los niños toman para
construir pueden ser propuestos por el docente cuando éste ofrece nuevos
materiales que le permiten al niño, organizar su pensamiento o plantearse
objetivos diferentes a los cotidianos.
Los niños fabrican escenarios en los cuales sus
vivencias puedan representarse. Los objetos se transforman en soportes para la
acción simbólica.
- La exploración del material vs. La construcción anticipada, a medida que los niños tienen mayor conocimiento de las propiedades físicas de los objetos, pueden comenzar a “pensar” en otro tipo de construcción. Cuando destruyen o modifican lo construido, es para darle mejor forma a lo que habían imaginado.
En los
juegos de construcción existe una dependía para con los objetos disponibles y
la posibilidad de “imaginar” escenarios.
En el
contexto escolar, maestros y niños pueden dialogar y construir el “marco” desde
el cual se juega. Este marco lúdico supone la participación consciente y la
planeación conjunta, de los espacios, las herramientas y los modos de
participación que se van a suceder al interior de él. De este modo, la escuela
se transforma en otro contexto en el que se establecen modos de negociación
propios de la tarea que se va a ejecutar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario